La mujer viene al mundo provista ya de tales dotes que, a lo largo de toda su vida, le permitirán cumplir con la misión más abnegada: proteger, consolar y curar a quienes la rodean, dentro o fuera de su círculo familiar: este párrafo es la introducción a un libro de Higiene y educación sanitaria del año 1968.
Creo suponer que nada nuevo voy a aportar a este tema. Me pueden acusar de feminista, creo no serlo. Pueden acusarme de manía persecutoria, en relación, claro está, al género masculino, manía que, psicóloga mediante, creo estar superando.
El lunes en sesión, terapia cognitiva aplicada, mi psicóloga me preguntaba que grado de satisfacción esperaba yo alcanzar en una reciente relación de apenas (y a gatas) tres meses: se refería al grado de satisfacción en un terreno para nada desdeñable como es el sexual. Y esto viene a cuento, porque gozo del sentido del humor, porque luego de mencionar algunos ítems (a lograr o alcanzar) dije: "Y por ahi algún orgasmo", me dijo "me hacés reir". Y digo orgasmo como lo puede pensar aquel caminante extraviado en el Sahara respecto de un oasis, de Moisés respecto a la tierra prometida, y de Menem en cuanto a la Revolución productiva. O sea que vengo conformandome con caricias, dormir abrazados, masturbarme en soledad, que él si alcance el clímax... y seguimos así.
Entonces que tendrá que ver la abnegación que se esperaba de toda mujer en el año 1968, con mi deseo de satisfacción sexual en el 2009?
Por un lado un imaginario que esperaba de toda mujer esa entrega, ese deseo de complacer al otro (entiéndase, hombre), y por el otro mi deseo, íntimo y muy legítimo de disfrutarme ser mujer, plena, disfrutar el sexo, como lo que es, sin pensar en una de sus finalidades, que es la reproductiva, sino como gozo pleno.
Un imaginario social de 1968, previo a mi gestación, y mi deseo muy de 2009, de goce sexual. Será que tendré que librarme de esa idea de una mujer abnegada, que por alguna dependencia de mi ser aún deambula? aún contrariando mi racionalidad que sabe que la mujer de hoy en día no tiene que ver con ese párrafo introductorio?
Cómo me pregunté hoy a mi misma y en relación a M.:qué muros tendré que derribar? En Berlín sabían dónde estaban los muros, pero yo no sé dónde están los míos.