viernes, 5 de agosto de 2016

Cita a ciegas

Lo que ella no soñaba mientras la anorexia le punzaba ya no el estómago, ahora el alma. Ante ella no era Alejo, sino otro. Otros ojos, peces verdes, otros brazos, aún más deseados. Deseo urgente de marcar ese número, ese grito imposible tirado en la noche más amarga. Ismael Serrano, te llevé en mi bolsillo, ¿amuleto tal vez? “Deshojo el calendario…”
Habían estado chateando, él tampoco era de la ciudad, como ella venía de un pueblo cercano, “estoy triste, incomprendido”. Le gusta su voz, “¿te conté que me chocaron el auto?” Claudio, oscuro, como su mirada, sus lunares, su piel cansada, consulta por enésima vez su celular. Luego sin disimulo fija su vista en un grupo de jovencitas, entre dientes se le escucha:
_”Si así están ahora…”
A ella se le viene la imagen de sábados a la noche del pueblo. Ese grupo cuarentón de babosos, acodados, empuñando un vaso en la barra.
María lo padece y recuerda un bar cercano, un viernes igual que ese, estuvo con otro. Claudio paga la cuenta, mientras calcula la propina del cuidacoches se le cae una moneda, se agacha a levantarla. María abre la puerta como lo haría un empleado al llegar el viernes. Salen al aire transparente de la noche.
_” ¿Quién ganó?... como va Vélez… le está peleando la punta…”. Dirigiéndose al trapito.          
Le abre la puerta que ha sufrido un choque, y por poco la aplasta. Ella se introduce y a punto está de curiosear los cedés que se alojan en la puerta. Mejor no toco nada, se dice, y se sienta prolijamente.
La noche es temprana, él conduce lentamente. Otra vez la mirada se le posa en una chica que espera en una esquina. Nunca más veré a este tipo.

Se baja en la esquina y regresa antes de las doce.

martes, 2 de agosto de 2016

Agosto

Luego de esperar vanamente, Sr. Gas no vino, no hubo manera, ni reclamo telefónico, ni “mi no entender nada” (no tendría por qué entender, nunca estuvo ni estará dentro de mis intereses y de mi formación), nada de nada sirvió. Adherida al paro docente de 48 hs. tal vez estar en la escuela hubiera deseado para no pasar más por este stress que me depara esta casa, el perro del vecino, que no solo ladra, sino que sus ladridos se dirigen a mi ph, no se a quien le ladrará. Por ahí escucho que su dueño lo reta, como para disimular, pero es muy molesta la situación. Luego de que viniera un subalterno del Sr. Gas, un empleado, que hablaba no se con quien (supongo que de la empresa), yo ya no dueña de mi misma, no entendía nada, atiné a llamar a la encargada, (instaladora) de las gestiones ante Camuzzi, ya habiéndole efectuado el pago de todo, menos a uno de sus gasistas, seguí sin entender nada…
Resolví,   luego de no almorzar, solo un resto de yogur bebible, estuve al sol, con mi gata, pareciendo ella que adivinaba mi malestar, mi angustia, se puso en mi regazo, la acaricié largo rato, resolví irme a caminar por la costa, recordando eso de si estamos tristes… caminar, como conjuro a los males de este mundo, por suerte la costa nos ofrece ese bálsamo. Llevo el celu por las dudas, pañuelos descartables, (largué bastante moco en la caminata, será que se limpian los pulmones), y el dni, esto desde que nos han asustado bastante a los ciudadanos, con el clima de época que nos acucia. A propósito de esto me encontré con una nota muy temprano, en el face, de una revista Nan, que define a Gabo Ferro como “un grito de época”, lo siento así, escucho sus discos, degusto sus letras, palabra a palabra, tanto como canta en un susurro, como si lo tuviese cerca, como cuando trepa con su voz a notas más agudas, ahí me toca el alma, siento que penetra entre las fibras de mi pecho y se mete allí, acuna mis dolores, les insufla aire y me echa a volar, soñando con un próximo recital de él, ahora más cercano, pues confirmó fecha para Mar del Plata el cuatro de noviembre.

             Espero que Noviembre sea mejor.

Agosto vengo a caer en la cuenta que junto a Junio son meses aciagos, en uno por la muerte de mi mamá y el frío ese que te hiela los huesos, que viene de la Muerte, con mayúscula. Agosto se llevó a mi papá, tuve una premonición unos días antes. Por ese tiempo escribía "ya no está la tierra bajo mis pies".

dice una canción de Gabo
"Frío / hace tanto frío que no puedo más que arder./
Estallará / mi boca estallará /en dulce de esmeraldas."
            Me parece tan exquisita la unión de esas dos palabras: dulce y esmeraldas...