martes, 18 de septiembre de 2018

El eternauta

Esta mañana el mar decidió esconderse.
Esconderse implica quedarse solo, tal vez el mar decida la soledad ante esta ciudad que lo deja de lado tantas veces.
Vuelvo del Faro de la Memoria. Sé que muchos, muchas, estamos mal: hay angustia, incertidumbre, miedo. Venía pensando si el problema es colectivo, la solución también debería serlo, aunque sería ambiciosa "la" solución, por lo menos hablarlo, pensarlo. En el Espacio de Memoria y Derechos Humanos del Faro Punta Mogotes de la ciudad de Mar del Plata, nos recibe un antropólogo, se presenta Joan Manuel, nos aclara su mamá fanática del cantautor catalán, llevó adelante la visita guiada y charla para los chicos, chicas, y de ellos mismos surge el "chiques·. Entre las muchas cosas que dijo me quedó resonando el por qué de una dictadura, el por qué de dejar una sociedad rota, desorganizada (el que se denominó a sí mismo proceso de reorganización nacional), diseminar, del modo en que se disuelve un el caldo en la sopa, el miedo, la desconfianza, y un disciplinamiento que aun sigue perdurando.
__"Nos cambiaron la forma de pensar", dice. "cual era esa forma de pensar? hoy nos pensamos como individuos que nos relacionamos con lo colectivo, antes éramos un colectivo".
Ya de regreso me costaba pensarme así: como colectivo, somos individuos, nos conectamos con otros y ahí nos damos cuenta de lo mismo: no llegar a fin de mes, no sabes si vas a seguir teniendo trabajo, rapiñar noticias porque ya cuesta creer lo que está pasando, recuerdos del pasado para los que "la" pasaron, y un largo etcétera de "Déjà vu".
En el camino de ida, ante un mar ausente alcancé a ver eternautas replicados en uno de los puentes.
Al regreso mis pasos me recordaron aquello de Oesterheld: "el único ´héroe es el héroe colectivo".

lunes, 3 de septiembre de 2018

El sistema


Voy caminando por San Juan, tengo que sacar plata del cajero. Cerca de la terminal, la basura, el abandono se hacen más patentes,  el lugar de arribos y despedidas de la ciudad denominada feliz no tan feliz. Enfrente hay un lugar que fue geriátrico, ahora cerrado, siempre hay alguien tirado pidiendo. Pasé de largo. Al llegar al cajero de Luro veo a alguien sentado pidiendo a todos los que entramos algún dinero. Voy a uno de los cajeros, no tenia dinero, paso al siguiente. Atenta veo que por los mensajes que tiraba el visor se habían olvidado la tarjeta, la saco y salgo, pienso como hago para saber quien y le pregunto al chico que estaba pidiendo y él me indica que eran aquellos chicos, él se encargó de gritarle "flaco" un par de veces, el flaco se da por aludido y hace el típico gesto de uhh no me di cuenta llevándose una mano a la cabeza. Entro, saco el dinero, conmovida por la situación y me digo tengo que darle algo a este chico, no es que me sobra precisamente, pero no dejo de percibir lo perverso de este sistema, me siento valiente en poder darle un billete de cien pesos. 
Cuando salgo le doy las gracias por el gesto de haberle alcanzado la tarjeta al flaco, lo miré a los ojos, eran claros en un rostro oscurecido, curtido, seguramente de estar en la calle. por estar en la calle y a esa altura en la que se pide, se mendiga se deben ver otras cosas que no vemos, no sentimos, me agradeció y me dijo "dios te bendiga"