"La mujer habitada" Seix Barral
de la escritora nicaragüense Gioconda Belli.
"No queria hacer de Felipe el centro de su vida, devenir en Penélope hilando las telas de la noche. Pero, muy a su pesar, se reconocía atrapada en la tradición de milenios: la mujer en la cueva esperando el regreso de su hombre de la caza y la batalla, amedrentada en medio de la tormenta, imaginándolo atrapado por bestias gigantescas, herido por el rayo, la flecha; la mujer sin reposo, saltando alerta al escuchar el gruñido llamándola en la oscuridad, gruñendo también, sintiendo júbilo en su corazón al verlo regresar a salvo, contenta de saber que al fin comería y estaría caliente hasta el día siguiente, hasta que de nuevo el hombre saliera a cazar, hasta el próximo terror, el miedo, la foto en el periódico, la respiración de las fieras.
Penélope nunca le simpatizó."
(p. 94)
sábado, 13 de febrero de 2010
domingo, 6 de diciembre de 2009
Soledad y domingo, o domingo y soledad
Domingo por la tarde, tipo seis, siesta ociosa, pasta frola recién horneada sobre la mesada y me pregunto, a la vez que me contesto, ¿qué es la soledad?
Soledad es este silencio de tarde de domingo, apenas interrumpido por algún motor de auto en la calle, es este silencio, que ya no interrumpe la esperanza del mensaje de texto, que puede llegar un sábado al anochecer.
Recién me confundí: quise poner soledad, con minúscula y una d se coló y apareció doledad: palabra inventada en el subconciente, que vendría a designar el dolor en soledad, o vivir la soledad como un dolor, o el dolor de no sentir superada la soledad, duele la soledad, el dolor siempre está solo? o se puede sentir dolor con el otro o los otros, acompañado el dolor duele menos, por lo tanto la soledad agiganta los dolores, las nostalgias, las culpas, recupera del recuerdo a los muertos.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Acerca de la satisfacción femenina
La mujer viene al mundo provista ya de tales dotes que, a lo largo de toda su vida, le permitirán cumplir con la misión más abnegada: proteger, consolar y curar a quienes la rodean, dentro o fuera de su círculo familiar: este párrafo es la introducción a un libro de Higiene y educación sanitaria del año 1968.
Creo suponer que nada nuevo voy a aportar a este tema. Me pueden acusar de feminista, creo no serlo. Pueden acusarme de manía persecutoria, en relación, claro está, al género masculino, manía que, psicóloga mediante, creo estar superando.
El lunes en sesión, terapia cognitiva aplicada, mi psicóloga me preguntaba que grado de satisfacción esperaba yo alcanzar en una reciente relación de apenas (y a gatas) tres meses: se refería al grado de satisfacción en un terreno para nada desdeñable como es el sexual. Y esto viene a cuento, porque gozo del sentido del humor, porque luego de mencionar algunos ítems (a lograr o alcanzar) dije: "Y por ahi algún orgasmo", me dijo "me hacés reir". Y digo orgasmo como lo puede pensar aquel caminante extraviado en el Sahara respecto de un oasis, de Moisés respecto a la tierra prometida, y de Menem en cuanto a la Revolución productiva. O sea que vengo conformandome con caricias, dormir abrazados, masturbarme en soledad, que él si alcance el clímax... y seguimos así.
Entonces que tendrá que ver la abnegación que se esperaba de toda mujer en el año 1968, con mi deseo de satisfacción sexual en el 2009?
Por un lado un imaginario que esperaba de toda mujer esa entrega, ese deseo de complacer al otro (entiéndase, hombre), y por el otro mi deseo, íntimo y muy legítimo de disfrutarme ser mujer, plena, disfrutar el sexo, como lo que es, sin pensar en una de sus finalidades, que es la reproductiva, sino como gozo pleno.
Un imaginario social de 1968, previo a mi gestación, y mi deseo muy de 2009, de goce sexual. Será que tendré que librarme de esa idea de una mujer abnegada, que por alguna dependencia de mi ser aún deambula? aún contrariando mi racionalidad que sabe que la mujer de hoy en día no tiene que ver con ese párrafo introductorio?
Cómo me pregunté hoy a mi misma y en relación a M.:qué muros tendré que derribar? En Berlín sabían dónde estaban los muros, pero yo no sé dónde están los míos.
Creo suponer que nada nuevo voy a aportar a este tema. Me pueden acusar de feminista, creo no serlo. Pueden acusarme de manía persecutoria, en relación, claro está, al género masculino, manía que, psicóloga mediante, creo estar superando.
El lunes en sesión, terapia cognitiva aplicada, mi psicóloga me preguntaba que grado de satisfacción esperaba yo alcanzar en una reciente relación de apenas (y a gatas) tres meses: se refería al grado de satisfacción en un terreno para nada desdeñable como es el sexual. Y esto viene a cuento, porque gozo del sentido del humor, porque luego de mencionar algunos ítems (a lograr o alcanzar) dije: "Y por ahi algún orgasmo", me dijo "me hacés reir". Y digo orgasmo como lo puede pensar aquel caminante extraviado en el Sahara respecto de un oasis, de Moisés respecto a la tierra prometida, y de Menem en cuanto a la Revolución productiva. O sea que vengo conformandome con caricias, dormir abrazados, masturbarme en soledad, que él si alcance el clímax... y seguimos así.
Entonces que tendrá que ver la abnegación que se esperaba de toda mujer en el año 1968, con mi deseo de satisfacción sexual en el 2009?
Por un lado un imaginario que esperaba de toda mujer esa entrega, ese deseo de complacer al otro (entiéndase, hombre), y por el otro mi deseo, íntimo y muy legítimo de disfrutarme ser mujer, plena, disfrutar el sexo, como lo que es, sin pensar en una de sus finalidades, que es la reproductiva, sino como gozo pleno.
Un imaginario social de 1968, previo a mi gestación, y mi deseo muy de 2009, de goce sexual. Será que tendré que librarme de esa idea de una mujer abnegada, que por alguna dependencia de mi ser aún deambula? aún contrariando mi racionalidad que sabe que la mujer de hoy en día no tiene que ver con ese párrafo introductorio?
Cómo me pregunté hoy a mi misma y en relación a M.:qué muros tendré que derribar? En Berlín sabían dónde estaban los muros, pero yo no sé dónde están los míos.
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