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domingo, 9 de octubre de 2016

descosidos y sin embargo

estás muerto
estás vivo

estás cayendo

estás nube

estás lluvia

estás estrella

donde estés

si es que estás

si estás llegando

aprovecha por fin

a respirar tranquilo

a llenarte de cielo los pulmones



Mario Benedetti




No me sale enojarme, no me sale llorar. Cómo describir las sensaciones que se me agolpan en el pecho, en el tórax, lugar del corazón y de los pulmones, las costillas móviles y las otras, las fijas. Aún estábamos sin gas, esperando la reconexión anunciada, un martes de tormenta nos llegó una intimación de la empresa prestataria de servicios eléctricos de la ciudad, (a la que de ahora en más pasaré a nombrar Sra. Luz) para realizar la readecuación del pilar y medidores etc... Me paralicé. No podía reaccionar. Por suerte, en la semana siguiente en medio del último temporal vino Sr. Gas.

Por estos días vienen a mi cabeza imágenes, tratando de asimilar todo esto, procesar toda esta información.
Se me asemeja los servicios públicos a partes del cuerpo: el sistema de distribución de gas tendría su paralelo en los pulmones, la misión de insuflar oxigeno en nuestro cuerpo, el sistema eléctrico equivaldría al corazón, ese que ahora me duele, que siento que por momentos estalla, y el sistema del agua, a los riñones, todos son vitales, sin ellos no hay vida. La sensación es de que todo se paraliza, el mundo se detiene, dejás de preocuparte por una pared que pensabas pintar, porque lo vital te emplaza y se convierte en urgente. 
Ya no importa andar descosido y vuelto a coser por la vida, si está tu corazón en el pecho, poco importan las paredes de humedad, despintadas, gastadas, todavía amanezco y me alegro que mi oxalis me regaló sus primeras florcitas amarillas.
Como leí hace poco no me sale llorar, no sé donde van las lágrimas que no se lloran. ¿Irán a dar al mar?